El perro anciano y sus problemas

A partir de los 9 años, un perro puede considerarse anciano. Con los progresos en el campo de la nutrición y de la salud animal, la edad media se ha alargado en la misma proporción que la del hombre. Por ello cada vez vemos más ejemplares de 17 a 20 años de edad.

Conviene saber, a grandes rasgos, cuales son los principales problemas que pueden afectar a estos ejemplares, a fin de prevenirlos, retrasarlos o curarlos durante sus primeras manifestaciones, ya que con el paso del tiempo, se va produciendo un debilitamiento general del organismo que, al envejecer, entorpece las principales actividades vitales.

Observando exteriormente a estos ejemplares, destacan ante todo tres factores:

  1. Comportamiento mas tranquilo, sosegado, menos dinámico.
  2. Estado óseo y muscular menos tónico, con delgadez evidente y paso rígido.
  3. Pelo de color blanco grisáceo, sobre todo en la cabeza, piel poco elástica y mas rugosa.

El sistema nervioso, causante de los primeros síntomas, se encuentra parcialmente bloqueado y funciona mas despacio.

El aparente estado de delgadez o, por lo menos, la reducción de la masa muscular, está ligada a la disminución de la actividad física y a la aparición de dolores ‘’óseos’’, de tipo artrósico – degenerativo, que obligan al animal a moverse con más rigidez, con menos aplomo.

Aparte de estas impresiones generales, conviene tener bajo control los aparatos internos que con menos facilidad muestran una disfunción. Nos referimos especialmente al aparato cardiocirculatorio, respiratorio y renal.

Estos tres sectores anatómicos: además de disfunciones propias que crean problemas ‘’locales’’, que llegan a afectar mas en general a todo el organismo y por tanto son potencialmente más peligrosas.

El mal funcionamiento del corazón crea trastornos circulatorios y de oxigenación que pueden afectar a la actividad cerebral (desfallecimientos), a Ia respiración (edema pulmonar) y a la filtración renal.

El perro anciano y sus problemas

Un problema respiratorio obstaculiza, indirectamente, el funcionamiento cardíaco.

Una insuficiencia renal impide la correcta filtración y depuración de la sangre, reteniendo sustancias tóxicas o nocivas y eliminando en cambio sustancias útiles o necesarias.

Por lo tanto, de manera general, controlaremos la respiración de nuestro animal en cuanto a la frecuencia, la tos, y la regularidad y amplitud de la elevación de la caja torácica.

Por lo que respecta al corazón vigilaremos la fatiga, el aumento de sed y la tos por una emoción o una excitación, sobre todo por la mañana.

El cuidado del corazón puede realizarse mediante constantes controles veterinarios, secundados en caso necesario por radiografías, electrocardiogramas, ecografías y análisis de sangre.

En cuanto al riñón, conviene también controlar la sed y la cantidad y el aspecto de la orina evacuada. La actividad renal puede controlarse llevando al veterinario cada 4-8 meses una muestra de la orina del perro para efectuar un análisis rutinario.

Un último consejo concierne a la alimentación, vista como una fuente de sustancias nutritivas, pero también capaz, en el animal anciano, de complicar algunas enfermedades.

Vamos a analizar a continuación los daños ocasionados por la sal de cocinar:

La sal no es en absoluto necesaria para nuestros animales, que perciben el sabor de la comida mejor que nosotros. El cloruro de sodio obliga al animal a beber, produce hipertensión vascular y por tanto fatiga el corazón. De rebote se ve afectada la respiración. La sed y el aumento de la presión sanguínea ocasionan dolores y cansancio renal.

La alimentación debe ser regular, con comidas poco voluminosas o pesadas, muy concentradas como principios nutritivos y de alto valor biológico. En las tiendas de animales se venden ‘’dietas prescritas’’, especialmente preparadas para estos problemas.

Si se prepara en casa, lo mejor es preparar carne hervida de buena calidad-no grasa-, arroz 0 pasta. Requesón, y el correspondiente complemento vitamínico.

El exceso de peso y Ia obesidad son responsables de algunos daños orgánicos y del acortamiento de la vida de nuestros animales. Aparte de Ia dificultad para moverse, del estrés excesivo en las extremidades y de la carga exagerada a lo largo de la columna vertebral, la grasa se acumula en torno a los pulmones creando obstáculos para el paso del aire, déficit respiratorio, exceso de trabajo y fatiga cardíaca. El colapso cardiocirculatorio y las insuficiencias de los diversos órganos, una vez determinadas, son ya irreversibles.

El reflejo de la propiocepción, evaluado ya en el adulto, deberá considerarse con atención, especialmente en los perros de talla grande y gigante.

El perro anciano y sus problemas

EL REFLEJO PROPIOCEPTIVO

Una prueba importante que hay que realizar cada 4-8 meses en el perro adulto, sobre todo si da muestras de inestabilidad en el cuarto trasero, consiste en evaluar la sensibilidad y el grado de percepción de la superficie dorsal del pie (reflejo propioceptivo). Basta con colocarse detrás del animal, poner una mano o un brazo por debajo de su abdomen, ayudándole a mantenerse un poco levantado. Con la otra mano sujetaremos un pie del perro y lo doblaremos de forma que la superficie dorsal de los dedos quede en contacto con el suelo.

Si todo funciona bien, la información nerviosa sensitiva llega al cerebro, se hace consciente y determina una reacción por la que el animal mueve el pie y lo devuelve a la posición natural.

Si hubiera un déficit de la propiocepción, no habría conciencia sensitiva y el pie quedaría en la posición incorrecta. A continuación se examina la otra extremidad.

Esta prueba es especifica para evaluar la conducción nerviosa y, al ser tan fácil de realizar, debería formar parte de las pruebas de rutina.

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