La alimetación de la hembra preñada

Una de las preocupaciones lógicas que vamos a tener cuando nuestra perra esté preñada es su alimentación durante el tiempo de gestación. Al principio del proceso no son necesarios más cuidados nutritivos de los normales, pero a medida que aumenta el desarrollo de los fetos, la hembra va a aumentar sus necesidades.

Si se realizamos experimentos del consumo de la perra, podremos comprobar que durante las tres primeras semanas no hay apenas cambios con respecto a sus necesidades habituales, pero de la cuarta a la sexta semana, se observa un aumento del orden del 60 %, y durante las dos últimas semanas, el consumo disminuye progresivamente y se hace mínimo antes del parto. Esto puede parecer paradójico, pero la disminución se explica por el hecho de que el volumen disponible para las vísceras digestivas disminuye.

Sin embargo, eso no significa que la hembra haya reducido sus necesidades. Por el contrario, durante este período, será necesario darle en un mínimo de volumen, los elementos nutritivos necesarios para su metabolismo. Si se escalonan las necesidades suplementarias de energía, en las ocho o nueve semanas de gestación, éstas no alcanzan más que el 20 % de las necesidades de mantenimiento. Deben satisfacerse con prioridad las necesidades proteicas. La experiencia demuestra que la ración debe llevar un 30 % de proteínas en peso seco, de las que una tercera parte será de origen animal. Además de las vitaminas del grupo E y del grupo B, que tienen un papel importante, la vitamina A es esencial para el buen desarrollo de la gestación, pues permite una implantación correcta de los óvulos fecundados en el útero, así como el desarrollo normal del feto. Se han observado abortos y cachorros mal formados debidos a la carencia de la vitamina A.

La alimetación de la hembra preñada

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RACIONES DE LA PERRA DURANTE LA LACTANCIA:

En relación con la leche de vaca, la leche de perra es dos veces más rica en proteínas, calcio y fósforo, más de dos veces más rica en lípidos y contiene un potencial energético dos veces mayor por litro. Además, la perra puede segregar en un mes su peso en leche. Por este motivo, será preciso tener en cuenta la gran cantidad de leche que produce la perra durante la lactancia, cuando llegue el momento de establecer la ración alimenticia de la perra en este período.

Las necesidades aumentan rápidamente desde el comienzo de la lactancia y alcanzan su máximo en la tercera y cuarta semanas en que la ración sobrepasa a menudo tres veces la ración de mantenimiento. Es evidente que la cantidad de alimento necesario depende también del número de cachorros que se estén criando. Señalemos que, por encima de cuatro cachorros, la producción lechera de la madre será insuficiente para cubrir las necesidades de los jóvenes. Subrayemos que esta deficiencia se debe en gran parte al hecho de que la perra no es capaz de ingerir la totalidad de los principios alimenticios que le serían precisos.

La alimetación de la hembra preñada

 

Entonces, para establecer una ración, será necesario dar a la madre alimentos copiosos, ricos en energía y proteínas y de excelente calidad. También deberán aumentarse las grasas y los elementos minerales como el calcio y el fósforo. Además tenemos que poner a disposición de la perra agua fresca y en mucha cantidad.

Podemos tomar como menús tipo los que acabamos de dar para la gestación, teniendo en cuenta que la perra no debe ser racionada, sino que, por el contrario, debe comer hasta que no tenga hambre, ya que las cantidades dadas pueden aumentarse sin ningún peligro, ya que esta alimentación intensiva compensará el gran consumo de energía de este período.

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