Siempre corregir, nunca castigar

Nunca debemos castigar a un perro porque realice conductas que no nos gusten, lo correcto es corregirle, pero, ¿Cuál es la diferencia entre castigo y corrección? pues bien, una corrección es cuando le damos una orden de desaprobación en el momento en el que se produce la mala conducta o justo antes de que se produzca. Por el contrario, el castigo es cualquier corrección que hagamos después de que que la mala conducta haya sucedido.

Por ejemplo, cuando nos vamos de casa, dejamos al perro solo y cuando llegamos nos encontramos con la situación de que nuestro amigo ha roto algo o está fuera del lugar donde debería estar, lo creamos o no, es demasiado tarde para explicarle al perro que no debería haber hecho esas cosas. Castigar a un perro lo único que consigue es empeorar la relación perro-dueño, además no le enseña nada de utilidad. Los perros no tienen el mismo sentido de la lógica que los seres humanos. Ellos no planean, no premeditan ni razonan las situaciones como lo hacen los humanos.

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Siempre corregir, nunca castigar

A veces llegamos a casa y nuestro perro ha hecho un pequeño desastre. Aunque no lo creamos, reñirle en ese momento ya no sirve de nada

El perro puede notar que nosotros estamos enfadados justo después de la mala conducta, pero no va a entenderlo después, es decir, va a notar que estamos muy enfadados, pero no va a saber el motivo. La única manera de hacer que el perro se de cuenta es pillarle en el momento. Castigar a un perro después de los hechos es una manera de confundirle. El perro puede mostrar signos de que él sabe que estamos molestos o enfadados, pero eso no significa que él sepa el por qué de ese enfado. Los perros viven en el momento. Si el perro está haciendo algo normal cuando le castigamos, va a pensar que que lo que está haciendo en ese momento es malo. Si el perro se ha quedado echado en su cama cuando le mostramos nuestro disgusto, él va a pensar que estar echado en su cama acostado es el motivo de nuestro enfado.

Los perros reaccionan a las situaciones. No piensan premeditadamente ni planean llevar a cabo malas conductas, por lo tanto, es innecesario e incluso cruel castigar a un perro. Los perros necesitan correcciones en el momento, no castigos.

El tipo y la intensidad de la corrección tiene que ser la suficiente para conseguir que el perro nos entienda, ni más ni menos. Si corregimos a nuestro perro y comienza a temblar, a estremecerse o muestra miedo, la corrección ha sido demasiado dura y severa. La intensidad de la corrección tiene que ser proporcionada, si es excesiva, tendrá más efectos negativos que positivos en el perro, ya que creará miedo, inseguridad, confusión y falta de confianza entre perro y el humano. Si por el contrario la intensidad es demasiado débil, el perro no va a escuchar.

Siempre corregir, nunca castigar

La corrección debe ser adecuada y proporcional

Se da por supuesto que ya sabemos que nunca debemos golpear a un perro, los golpes no forman parte del lenguaje canino, así que si golpeamos a un perro estamos “hablando” un idioma que el nunca entenderá. Lo correcto es usar el lenguaje corporal, el tono de voz adecuado y los “toques”. Evidentemente nosotros no vamos a morder a un perro, pero sí que podemos simularlo con esos “toques”.

Siempre corregir, nunca castigar

Si nos excedemos en la corrección y el perro se asusta, empeorará nuestra relación con él

Contrariamente a lo que algunos dueños de perros piensan, tener una conversación humana con un perro no funciona, tampoco ponerles un “castigo” de un tiempo determinado. Esos castigos están aplicando la psicología humana a un animal canino. Los seres humanos tenemos que usar la lógica cuando tratamos a los perros, y darnos cuenta de los perros necesitan que se les aplique la psicología canina, no la humana.

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